Kapitel 30

"..." Qin Ruoshui permaneció en silencio durante un largo rato antes de decir: "Está bien. Lamento haberte molestado."

—Gracias —dijo el médico de repente antes de salir de la habitación.

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Al día siguiente, aquella mujer silenciosa, apoyada en su bastón, volvió a ver a Qin Ruoshui. No habló, simplemente se quedó a su lado en silencio un rato. La mayor parte del tiempo, su mirada permanecía vacía e inexpresiva, y solo de vez en cuando parecía cobrar vida, alzando la vista para mirar fijamente a Qin Ruoshui con expresión inexpresiva, como si encontrara un atisbo de consuelo.

El sol de la tarde era encantador, iluminando y dando calidez a la habitación. Qin Ruoshui dijo: «Pupu y tú se llevan muy bien». Miró con ternura a Pupu, que se acurrucó juguetonamente en su regazo.

Qi Yi'an dejó de acariciar el objeto, bajó la cabeza y permaneció en silencio durante varios minutos antes de esforzarse por pronunciar una sola sílaba. Su voz era baja y ronca. "...¿Hmm?"

"Hoy te durará un poco más."

“…”

"Nadie tiene permitido tocarla normalmente. Si quiere golpear a alguien, puede ser muy feroz", dijo Qin Ruoshui con una sonrisa, extendiendo la mano cariñosamente para acariciar la barbilla de Pupu.

“…”

De nuevo, el silencio. Qin Ruoshui estaba acostumbrada a este silencio, e incluso lo anhelaba; cuando estaba con ella, el tiempo parecía transcurrir lentamente y transcurría con suavidad. Su tranquila compañía calmaba poco a poco su cuerpo y su alma maltrechos.

Como una pequeña chispa en la noche polar, puede ofrecer muy poco, pero su cálido resplandor naranja-amarillo representa un destello de esperanza para seguir viviendo.

"Hoy brilla el sol con mucha intensidad. El cielo está tan azul. ¿Podrías... empujarme para que salga a dar un paseo?"

“…”

En silencio, dejó a Pupu en la cama, se levantó con cuidado agarrándose al borde y empujó la silla de ruedas hasta la cabecera. Extendió la mano y ayudó a Qin Ruoshui a subir a la silla. Justo en ese momento, la cuidadora entró, la ayudó a ponerse un cárdigan y la cubrió con una manta.

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Muchos años después, una tarde volvió a despertar. La mujer que había conocido tras aquel sueño la tenía entre sus cálidos brazos. "¿Estabas soñando?"

"Sí, soñé contigo."

El fin.

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